¡Qué notable! No hay caso. Siempre le decía a la gente, años pasados, cuando hablaba de política: Algún día voy a escribir en la puerta de la iglesia los cuatro principios fundamentales de la vida común: Primero: la única plata que vale es la que se gana trabajando. Plata de juego, plata de rifas, plata de lotería, plata de coima, plata de soborno, esa plata no vale. Podrás enriquecerte vos, pero no valdrá para tu hijo, menos para tu nieto, porque le habrás arruinado la patria. Esa plata no vale. La única plata es la que se gana trabajando, entonces se acabaría con la coima, con el soborno, con todos los embrollos. Simple.
El segundo principio es este: no se puede estar hoy mejor que ayer y mañana mejor que hoy siempre. Hay que decir estoy bien y basta. Por qué tengo que comprar un auto ultimísimo modelo si tengo uno que anda bien. Claro, la televisión es la que maneja todo.
El tercer principio es: mal anda la patria cuando los ciudadanos para solucionar su problema económico entran en la administración pública. No puede ser que se viva de la política. Que yo viva por la política y que, dado el caso, la política me dé para vivir porque necesite vivir, vaya; pero hacer de la política la fuente del propio bienestar y de la propia riqueza no tiene sentido. Es servicio al propio bolsillo, ya no hay servicio a la patria.
Y el último principio es fatal, dice: si no queremos más tiranos, dejemos de ser esclavos. Defienda usted su libertad, no se entregue, defiéndala siempre, en todo caso. Le roban, vaya haga la denuncia. Ha sufrido un atropello, no se calle. En estos cuatro principios está todo dicho.
(extracto)