elogio de la desmesura
(extracto revista Evaristo Cultural)
en el presente páramo literario argentino, donde parecen primar, -salvo raras, contadas y honrosas excepciones- la astenia, el café descafeinado y la urbanidad, el exceso no puede menos que ser bienvenido: por su carácter fecundo y revulsivo. Los primeros diecisiete Cantos aquí publicados de La flor del diente de león – Cantos del Junquillo– (nos permitimos subrayar: los primeros, la obra completa se compone de ciento diecisiete Cantos) entretejen el epítome de una regocijante desmesura; y el regocijo del lector, en este caso, es una guirnalda de diversos y varios elementos: desafío, fruición, desciframiento, y un plus intransferible: el goce intelectual. Ante semejante summa litterae (no de otra manera se puede definir La flor del diente de león) se impone un escolio, aunque resulte breve o, acaso irrelevante, del concepto de “ambición literaria” que, en principio y per se, se opone a la celebración del minimalismo. ¿En qué consiste alentar una ambición literaria? La respuesta más sencilla y a la mano (pero no por ello menos significativa) sería: decirlo (escribirlo) todo; o sea: un afán imposible, luciferino, que excede el marco de las posibilidades humanas y que resulta, paradójicamente y por todo ello, digno del más alto encomio. Asimilar el barroco sólo a la concepción del horror vacui es definirlo de manera asaz mezquina; en arquitectura, el barroco pretende mostrarlo todo tal y como quisiera agotar el universo de los objetos posibles e imaginarios (desde las gárgolas hasta los unicornios pasando por los querubines, las volutas y los ábsides); en literatura anhela escribirlo todo, como si tuviera a disposición el entero lenguaje (basta sumergirse en las profundas y hospitalarias aguas de la obra completa del maestro Lezama Lima). En palabras de Lacan, barroco es “todo lo que chorrea, todo lo que delicia, todo lo que delira.’’ A esa línea adscribe La flor… Resulta claro para cualquier lector avisado que el confesado modelo del libro (aun en su disposición tipográfica y hasta en el tamaño de la página: hoja oficio) es los Cantos, de Ezra Pound, il miglior fabbro, como lo definiera de una vez y para siempre Thomas Stern Eliot. Pero es un modelo que sólo y tan sólo le sirve a Federico Racca como suntuoso punto de partida. De hecho, el contenido y el desarrollo de La flor… son abrumadoramente argentinos
osvaldo gallone
poesía, tesauro
2024