Derrida pensaba -quizás tenga razón- que es el extranjero quien porta las preguntas. Posiblemente por eso Federico Racca asumió la tarea de preguntar -como si hubiera soñado esta muestra aun antes de haberlo advertido- si Cristina sí o Cristina no

el extranjero que entrevista entonces a referentes culturales o políticos a ambos lados de la temible grieta que, como aquel Schibolett calado por Doris Salcedo en la sala de turbinas de la Tate Modern, dividía y divide aguas

pero aquí Federico se las ingenia para cegar la grieta y tornarla irrisoria: nadie podría decir si el artista es K o anti K, ese deporte binario en el que nos ejercitamos en estos tiempos clasificatorios


su gesto irreverente se las arregla para escapar de ese corset absurdo y dejar perplejo al espectador. Éste se preguntará, antes que 

nada: ¿estamos ante un artista? e inmediatamente después: ¿hay una obra aquí?


mariano horenstein