podemos pensar en una tradición, también en una lectura en error. En este tipo de trabajo uno necesita lazarillo, es ciego. Jorge Barón Biza escribió El desierto y su semilla con el Homero de la Odisea al lado, Glauce Baldovín también. Dante caminó por el infierno con Virgilio, Antonio Berni con Goya. En mi caso Pound, Bierce y otros me dieron sus temas, algo para lo que soy completamente inútil. Así que tomé sus obsesiones y las seguí, las sigo aún

mis trabajos se roban (se afanan) una poiesis, un hacer. Son poesía no entendida en términos de una sublimación, si no en cuanto a trabajar distintos cuerpos para hacerlos hablar entre ellos, chocar. Es un juego dialogal, perla malnacida

en una de sus vertientes, la poesía sirve para trabajar la relación específica entre literatura, reescritura y memoria. Vivimos un poder que extirpa tajantemente la historia. El campo de la historia era lo memorable, ahora lo que se asegura es una eternidad de eso frívolo que boconea tanto. Se dice que la historia nació en Grecia con la democracia, ahora podemos estar seguros que desaparece con ella

en el caso de los textos que van saliendo, hay una percepción de mundo en discontinuidad, en amontonamiento de objetos y detalles dispersos, en los blancos que aparecen entre ellos. Girando aquella famosa frase, se trabaja pensando que lo verdadero es sólo un momento de lo falso