erótica como nacimiento y voluta del barroco, significantes multiplicándose al infinito, Big Bang de la razón comunicativa, economía del oropel –que incluye al oro, a lo falso y al basural al mismo tiempo– y del derroche; la noche del exceso del lenguaje
dirá Sarduy: el erotismo se presenta como la ruptura total del nivel denotativo, directo y natural del lenguaje –somático–, como la perversión que implica toda metáfora, toda figura. No es un azar histórico si Santo Tomás, en nombre de la moral, abogaba por la exclusión de las figuras en el discurso literario
erótica (perla berrueca), forma de la transmisión. Trabajar la constitución del sujeto, su inserción en el mundo desde la cultura (entendida en los términos del maestro Saúl Taborda: sólo es cultura aquello que tiene posibilidad emancipatoria), en antípodas del espectáculo, del discurso universitario (en universidad). Pensar a los sujetos, a la teoría psicoanalítica desde una poiesis (un hacer con las manos) que nos es propio